lunes, 2 de abril de 2012

Adiós, José María...

Murió hace pocos días a los 84 años–concretamente el pasado 2 de octubre–el ilicitano José María Grau Soler, ex–presidente de Unión Valenciana en Elche.

‘Josep María Grau i Sulé’, como de broma yo le llamaba y a él le gustaba recordar, nació en Rincón de Bonanza –Orihuela– en 1923 en el seno de una familia numerosa humilde y traballadora. Se trasladó a Elche de niño en busca de prosperidad.

Hombre que, apenas sin estudios, se hizo a si mismo con su esfuerzo, desarrollando varios trabajos hasta que junto a sus hijos y a uno de sus muchos hermanos –Sinforoso- creó una empresa de cerámicas y materiales de construcción que ubicó a la salida de la ciudad, en el comienzo de la carretera a Crevillent, en la pedanía Pla de Sant Josep. Empresa cuyo logo era el blasón de su primer apellido, todo un detalle de apego a sus raíces.

Grau, además, se enamoró perdidamente de Elche y de todo lo ilicitano y…valenciano, de la cultura autóctona. Siendo castellanohablante de cuna –el castellano fue su lengua materna– acabó hablando mayoritariamente el valenciano ‘elchero’ mejor y más que muchos de los ilicitanos nativos.

Contactó con personajes locales como Martínez Macià ‘Pin’, Martinez García 'El Quijote', Payà Alberola, Rodríguez Martín, Sanchez Pomares, Pastor Chilar, Tomás Mora, Quiles Fuentes, entre otros; de cuyas relaciones surgieron amistades y compromisos públicos que le integraron tanto en la sociedad ilicitana, que perteneció a diversas asociaciones y entidades e incluso fue protagonista destacado y activo dirigente.
Sensibilizado por los problemas y necesidades de los discapacitados ilicitanos, fundó la primera asociación local de este colectivo abriendo la primera sede social y creando el primer club deportivo de minusválidos, impulsando después la creación de la federación provincial. A él se le debe, aún en la dictadura –en tiempo del ex alcalde Quiles Fuentes, otro ilicitano ilustre y destacado por una buena gestión en su cargo en pro de la ciudad– la primera rampa en la calle para discapacitados en Elche.

Fue pionero directivo co-fundador de la Comisión de Fiestas ‘Passeig de Germaníes’ y de la Real Orden de la Dama de Elche de la que era Caballero y como enamorado del busto ibérico, logró que su hija Antonia fuera elegida Dama Viviente. Asimismo, fue presidente de la Congregación de Sant Pasqüal Baylón y de sus fiestas, presidente provisional de la Asociación Histórica Artística Festera ‘Pobladores de Elche’, presidente de la Junta de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa ilicitana –bajo cuyo mandato reimpulsó la entonces decaída celebración semanasantera de Elche– y de la Hermandad del Cristo Resucitado –el que procesiona el día de Resurrección o de las ‘aleluyas’–de cuya imagen era custodio guardándola durante años en su garaje junto al Bar ‘Mateuet’ frente a los ‘Pisos Azules’. Igualmente, tengo entendido que fue Caballero de la Orden del Santo Cáliz de Valencia.

Grau hizo sus incursiones en política. Católico practicante, e inicialmente ideológicamente de derecha o conservador, en la dictadura destacó como miembro del Sindicato Vertical, por lo que después fue en Elche uno de los fundadores en la transición del partido de Fraga Coalición Democrática -C.D.- y de la posterior Alianza Popular -A.P.- de los que se apartó descontento evolucionando hacia posiciones más populistas y regionalistas ingresando en Unión Valenciana -U.V.-.

En tiempos de Miquel Ramon Izquierdo y Vicente González Lizondo, fue elegido presidente local de Unión Valenciana en Elche y miembro del Comité Provincial. En su etapa logró la primera sede social propia de este partido en la ciudad ilicitana que estuvo en la céntrica calle Corredora, al lado del Ayuntamiento. Su nombre se barajó a menudo como número 1 cabeza de lista por UV y otros partidos que intentaron ficharlo como ‘mirlo blanco’ pero él siempre rehusó encabezar cualquier candidatura como alcaldable. Gozó de contactos y amistades en altas esferas políticas, gubernativas y eclesiásticas.

Tuvo excelente trato con gobernadores y obispos por sus vinculaciones con el antiguo sindicato vertical, con varias entidades de prestigio y con la Semana Santa ilicitana en la que intervenía dirigiendo las procesiones. Hombre obstinado, cabezota, de fuerte carácter. Polémico aunque muy activo y firme, resultó perseverante y tenaz, por lo que no dudó jamás en enfrentarse a quien fuera –incluso con correligionarios suyos– con tal de obtener logros, ayudas y mejoras para Elche, todo lo cual consiguió mayormente en pro de los discapacitados y de la celebración semanasantera ilicitana. Lo cierto es que tuvo discusiones y enfrentamientos verbales y algunas enemistades por sus carácter, maneras de ser y actuar y cierto afán de protagonismo; todo lo cual no desmerece aquello de bueno que hizo por Elche.

Los últimos años de su vida se moderó bastante tanto de carácter como de ideología y desconectó o se desvinculó de toda actividad social, dedicándose a dar paseos del brazo de su segunda esposa.

Grau Soler fue uno de esos ilicitanos de adopción que acabaron siendo, sintiéndose y actuando como los propios nativos, aunque naciera fuera de Elche, y que se formó aquí entre palmeras. Fue uno de esos ilicitanos que también reúne méritos suficientes al margen de ideologías -se valora lo realizado y no sus ideas- para ser recordado con una calle a su nombre. In memoriam.

Josep Esteve Rico Sogorb

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