lunes, 2 de abril de 2012

Fusilados

El pasado 1 de Mayo -Día de los Trabajadores o Fiesta del Trabajo- se celebró en el viejo cementerio de Elche un homenaje a un centenar de jóvenes sindicalistas ilicitanos fusilados en 1939 y 1940 por la dictadura, cuyos cuerpos se enterraron en una fosa común hasta que en los años 60 ésta se destruyó tratándose en parte como basura y lanzándose los restos a un osario sellado con una tapa de alcantarillado.
El acto resultó emotivo y multitudinario. Se llevó a cabo, tras convocatoria del investigador Jose Antonio Carrasco–artifice de la propuesta de retirada del título de Hijo Adoptivo a Franco- donde se enterró estos trabajadores republicanos ilicitanos cuyo único ‘delito’ común –líderes de UGT, militantes del PSOE, PCE y JSE- fue, defender sus ideas desde su juventud, porque la mayoría no sobrepasaba los 38 años.

Más de un centenar de personas honraron a quienes perdieron sus vidas por una buena causa y unos ideales y principios justos, destacando del público, la ‘plana mayor’ del PSOE prácticamente en pleno con sus ediles, varios dirigentes de CC.OO. y UGT –encabezados por sus secretarios generales locales-, directivos de entitades culturales como el Ateneo Republicano ‘Nazario Gonzalez’, el ‘Casal Jaume I’ y el Grup Cultural Ilicità ‘Tonico Sansano’, líderes y candidatos de partidos como EU, BNV, ERC-ERPV, MUP e Izquierda Republicana, miembros de Joves Socialistes, artistas, escritores, etcétera.

Entre los símbolos propios del día–banderas rojas sindicales por ser 1 de Mayo- habian banderas republicanes –lógico, teniendo en cuenta el republicanismo común de los fusilados- e improcedentemente, alguna cuatribarrada, destacando la independentista de los ‘Països Catalans’ con triángulo azul estrellado.
Conmocionó a los presentes el banderín que Carrasco enarboló, obsequio de unos obreros rusos y envejecido por los avatares de la guerra, manchado de sangre de defensores de la libertad. Pero la nota melancólica, nostálgica y triste, la puso el escritor local Eduardo Boix al recitar una poesía dedicada a Miguel Hernández y un poema social en prosa de Gil de Biedma, muy idóneos y apropiados para el momento.

El investigador ilicitano Carrasco Pacheco ofreció un desgarrador y apasionado discurso en perfecto valenciano y de excelente oratoria en el lugar de enterramiento de los fusilados ante la bandera republicana, un arbolito y la tapadera de alcantarillado que les oculta. Hizo una reseña histórica, rindiéndoles homenaje, recalcando la injusticia y la atrocidad que se cometió con ellos.

La suelta de palomas como gesto a la Paz y la Libertad junto a familiares de los fusilados fue acompañada por la ‘Colla de Dolçaina i Tabalet El Caixcabot’ a los sones de ‘La Internacional’, del ‘Himno de Riego’ y de ‘La Moixaranga’. Acabada ésta se alzaron cuatro gritos aislados por un ‘País Valencià, lliure i republicà’.
Tratándose de un acto republicano-federalista-socialista-sindicalista, sobraban, no procedían signos de apología catalanista-independentista. Porque los fusilados no fueron nada de ésto, sino todo lo contrario, ilicitanos y valencianos autoctonistas. Menos mal que los entusiastas gritos republicanos fueron mayoritarios.

Faltaron banderas ilicitanas –por localismo, por tratarse de Elche, el lugar del acto- y señeras, banderas autonómicas. El carácter izquierdista del acto merecía la señera azulada con estrella roja, -cartel de Dubón, República y Guerra- y la presencia de partidos valencianistas-republicanos com EV, ANV o ENV para demostrar que el tricolor valencianismo autoctonista es también un progresista movimento popular -en la II República y en la contienda civil lo fue- y que la señera es un signo obrero o de lucha reivindicativa -los republicanos la usaron como tal-pues no en vano es la bandera nacional de los valencianos, no solo de una parte de ellos, como la derecha, sino de todos.

Por último, Carrasco emplazó a todos los presentes a continuar celebrando anualmente en fraternidad, cada 1 de Mayo, este homenaje al centenar de jóvenes ilicitanos fusilados con el objeto de mantener viva su memoria, activos sus ideales y fresco su recuerdo como un ejemplo para las actuales y futuras generaciones con el propósito de que jamás se repita una historia fraticida, nunca más.

Josep Esteve Rico Sogorb

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