lunes, 2 de abril de 2012

Inundaciones en Ceuta y Elche

El cambiante clima -en degradación por la nefasta actividad destructiva del ser humano- y las furias de la Madre Naturaleza, han causado estragos recientemente, con esas fortísimas lluvias torrenciales desatadas la semana pasada sobre las españolas ciudades norteafricanas ceutí y melillense, al igual que en el geográfico Levante. Ambas zonas, el sureño Estrecho intercontinental y el levantino este peninsular, volvieron a coincidir meteorológicamente hablando, al soportar unas desastrosas inundaciones, pues ya vivieron fuertes riadas allá en la década de los 80.
Hasta en el clima y la meteorología, la zona del Estrecho de Gibraltar -ambos lados u orillas, Algeciras y su comarca o campo gibraltareño y Ceuta- y el territorio del Levante o Este español, se parecen o asemejan, diría que incluso coinciden. Un dato éste que los une, acerca y aproxima entre si. Ya comenté en algún que otro artículo las similitudes y las coincidencias que presentan Ceuta y la ciudad levantina pero valenciana de Elche, por mencionar el más claro ejemplo de relación Sur-Este o Estrecho-Levante.

Recuerdo las lamentables riadas de los 80 que causaron graves daños en Ceuta, concretamente en viejos patios de viviendas -como el Hachuel, donde los bomberos apuntalaron los techos pero éstos caían fácilmente a casquetes- en muchas casas sitas en vaguadas y en varias chabolas de barrios precarios. A todo ello, cabe añadir los destrozos en la carretera a Benzú, la acumulación de barro y el mal funcionamiento de los imbornales para absorber la elevada avalancha de agua.

Paralelamente, en Elche, en 1982, sucedió algo muy parecido, casi igual que en Ceuta. La red de alcantarillado no funcionaba -las trampillas de alcantarillas saltaban por los aires- algunas casas rústicas ubicadas junto a la rambla del río fueron arrastradas por la inundación desmoronándose, por recordar algunos de los efectos de aquella inclemencia climatico-meteorológica.

En este ocasión, años después, ambas ciudades volvieron a sufrir otra situacìón igual o similar a la de los años 80: tromba, temporal con fuerte lluvia, enérgico vendaval huracanado, riada, inundación y avalancha torrencial. Aunque la diferencia fue en la semana pasada, la aparición en Elche de una fuerte granizada -cuyos granos eran del tamaño de una pelota de ping-pong- al mismo tiempo que llovía copiosamente y con fuertes rachas de huracán. Ni que decir tiene que al llover oblicua y casi horizontalmente por culpa del zozobrante viento, el granizo destrozó muchas persianas de ventanas y balcones debido a la enorme violencia con que el huracán o tornado iba estampando o estrellando los copos.

El caudal precipitado superó los 100 litros por metro cuadrado en pocos minutos tanto en Ceuta y Melilla como en Elche. Algunos parkings de estas ciudades se anegaron como piscinas inutilizando numerosos coches. En la localidad ilicitana los daños en aparcamientos subterráneos fueron peores que en las ciudades norteafricanas pues los bomberos tardaron 3 dias en vaciar el parking de la calle Capitán Antonio Mena y más de 60 coches -unos cuantos nuevos, recién comprados y cuyos dueños acababan de empezar a pagar dificultosamente a base de esforzadas mensualidades de préstamos bancarios- estuvieron sumergidos bajo 3 metros de agua quedando cien por cien inservibles.

Sin embargo, esta vez hubo alguna diferencia fundamental entre ambas zonas. En Elche, contrariamente a Ceuta, la red de alcantarillado no hizo su papel, como si no existiera y además sufrió destrozos en su estructura. La existencia de embozos por obras públicas en ciertas partes de la ciudad e irregularidades en el suelo de calles y carreteras, agravó la situación aumentando la riada o inundación. En Ceuta, al parecer, y aunque nos cause sorpresa, la red de saneamiento funcionó, tengo entendido, a pesar de la avalancha de caudal que soportó.

Eso sí, en las dos ciudades los servicios actuaron con celeridad y efectividad. Las alertas y los planes de emergencia se aplicaron debidamente. Bomberos, sanitarios, fuerzas del orden público, funcionarios de la empresa de aguas...trabajaron bien, raudos y con extrema profesionalidad. Lo lamentable es que siempre nos pille desprevenidos la meteorología -tanto en Ceuta como en Elche- y que las actuaciones urbanísticas públicas y privadas no tengan en cuenta el aumento cada vez mayor de riadas, trombas e inundaciones.

Lo más grave es que por ahorrarse inversiones y gastos se omite aplicar medidas o normas en las obras, destinadas a contener y evacuar los elevados caudales de agua de estas inclemencias. Medidas de seguridad como colocar rejillas y tapaderas de alcantarillas mucho mayores, aumentar el tamaño y la abertura de las bocas de saneamiento, corregir desniveles del firme -como hoyos, socavones- , evitar obstáculos y barreras arquitectónicas que puedan provocar embalsamiento de las aguas.

Supongo que las autoridades respectivas, ceutíes e ilicitanas, sabrán todo ésto y se aplicarán el cuento, pues la climatología está cambiando y se presume que conforme pase el tiempo, habrá más lluvias torrenciales, riadas e inundaciones en ambas zonas. Unas zonas que, bañadas por el mar Mediterráneo, se ven azotadas por la rabia del clima común que en ellas impera.

Ceuta y Elche. Elche y Ceuta. Tanto monta, monta tanto. Ambas, mediterráneas en geografía, clima y meteorología; marinas y ribereñas en cuanto a litoral y coincidentes en tantas cosas aunque algunas de ellas como las riadas sean destructivas y tristes de recordar.

Es justo agradecer a aquellos profesionales lo bien que trabajaron contra el dañino efecto de las lluvias y cómo lograron recuperar la normalidad en Ceuta y Elche.

Por Josep Esteve Rico Sogorb

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