lunes, 2 de abril de 2012

‘Saturnales y Navidad’

No creo en la Navidad como fecha a demostrar en un sentido cronológico e histórico porque existen suficientes pruebas de que el personaje motivo de tal festividad, Jesús, no nació dos milenios atrás en lo que hoy es nuestro diciembre y menos aún, tan certeramente en día 24 o 25.
Los desfases entre los calendarios judío y cristiano –juliano, concretamente- acerca de los años 0 y +/- 6 del nacimiento del profeta Cristo, hacen que la exactitud de coincidencia con nuestro actual diciembre sea prácticamente imposible.

Según el calendario hebreo de la época –aparte documentación existente- Jesús nació en lo que hoy es primavera: entre marzo y abril, teniéndose como la más probable, segura y aceptada; la fecha del 9 de abril del año 0 –e incluso de los años +/- 6- de nuestra Era.

El caso es que, el hecho de celebrar la natividad o nacimiento del Mesías, máximo símbolo o mayor figura del Cristianismo, cada diciembre desde hace siglos, se debe a la intención interesada -aunque lógica desde el punto de vista social y ‘competitivo o de mercado’- de la primitiva iglesia cristiana en sus comienzos, de lograr atraer hacia sí a todas las gentes –paganos y cristianos- que acudían masivamente a las celebraciones invernales paganas del solsticio de invierno, oficiales en todo el Imperio Romano.

Festejos llamados ‘Saturnales’ en honor al dios Saturno y que coincidían con lo que hoy son los días medianos de diciembre entre la entrada de la estación -21- y la actual celebración de Nochebuena-Navidad los días 24 y 25 del último mes.

La clara competencia de aquel primitivo cristianismo con los ‘saturnales’ para ganar público llevó a la iglesia a trasladar la fecha de celebración de la natividad haciéndola coincidir con el día central de mayor apogeo pagano ‘saturnal’. Así se instauró la Navidad o Natividad de Nuestro Señor Jesucristo para los primeros cristianos y posteriores católicos, en la noche víspera del 24 –‘Nochebuena’ – y la mañana siguiente del 25; aunque los ortodoxos escindidos de la iglesia de Roma fijaron como Navidad la fecha del 6 enero, presunta Epifanía o Adoración.
Y paulatinamente, fue aumentando la asistencia a la Navidad coincidida con los ‘saturnales’ mientras descendía el público a los actos paganos. El Cristianismo ganó adeptos y creció hasta que, declarado religión oficial, los ‘saturnales’ iban menguando progresivamente hasta ser prohibidos y desaparecer. Y la Navidad pasó a ser la fiesta más unánime, la única de mayor celebración social.

Aceptando esta explicación, -que además justifica por qué en el ‘Belén’ los pastores portan pieles de cordero, hay nieve y hace frío- y admitiendo que lo de menos son las históricas fechas reales, auténticas o verdaderas del nacimiento de Jesús sino que lo más importante fueron su existencia y muerte junto a sus obras y mensaje. Así pues, si la Navidad no existiera habría que inventarla aunque se la llamara ‘Fiesta de la Solidaridad’, dado su mínimo pero aún existente carácter o espíritu humanista – a pesar del opulente materialismo consumista- de valores tales como la caridad o la generosidad.

La discusión bizantina sobre si Jesús nació en diciembre o abril, sobre la ‘navidad invernal o primaveral’ en el año 0 o en los años +/- 6, no hace perder la creencia en el mensaje crístico de Jesús ni en su especial figura como ejemplo a seguir. No tendría que suponer pérdida de fe a ninguno de los millones de creyentes del mundo si se descubriera o demostrara definitivamente que la Navidad no sucedió en diciembre sino en abril.

¿Y qué? Pues nada. No es preocupante. Y al Vaticano tampoco debería preocuparle. Pero, existen tantos demasiados intereses ocultos y muchas cosas ya instauradas ‘dogmáticamente’, que la mismísima Santa Sede prefiere no tocar para que no se desmorone el ‘edificio’ de la Iglesia aunque esté cimentado en base sobre irregularidades, incertezas y falsedades erróneas.

Bien. Aceptemos el 24 de diciembre como Navidad o Natividad a pesar de sus incertidumbres. En cualquier caso son inaceptables el excesivo derroche, el lujo y la dilapidación financiera; todo ello unido a una falsa supuesta solidaridad engañosa o caritativa forzada que por doquier se manifiesta cuando la mayor parte de la población que opera este cambio de carácter temporal y momentáneo en Navidad durante el resto del año se comporta negativa, cruel y despectivamente con sus semejantes. Hipocresía pura. Estas cosas le sobran a la Navidad. La afean, degeneran, desvirtúan y contaminan.

Navidad deriva de ‘Natividad’ y ésta alude al nacimiento de alguien que vino al mundo de forma humilde, sencilla, austera, sobria, pobre y vulgar; si se tercia. Y si esta celebración es para homenajear a la modesta Sagrada Familia en la que nació Jesús, pues sobra tanto gasto elevado y superfluo, que la Navidad se ha ‘paganizado’ por desgracia, asemejándose cada vez más a aquellos carnales ‘saturnales’.

Evidentemente no podemos volver a aquellos tiempos de Roma, a la época de Jesús, por lo que no es celebrable la actual Navidad con las características de entonces sino con las formas de ahora; eso sí, de manera más sencilla. Hoy que estamos en crisis económica con más razón para celebrar unas Navidades ahorrativas aunque nos obliguemos a apretarnos aún más el cinturón mal acostumbrados a gastar demasiado.

La pena es que como cada diciembre, como cada Navidad, los pobres no tendrán casi nada para celebrar. Con la crisis se ha incrementado el porcentaje de pobres, mendigos e indigentes y de quienes por no tener no poseen ni un familiar o amigo con el que celebrar la Navidad. Este es el verdadero motivo y mensaje navideño: la celebración en familia, con los seres queridos más allegados; al igual que la Sagrada Familia de José y María se reunieron en familia en torno a su hijo el niño Jesús, para celebrar su nacimiento con humildad, austeridad y hasta con pobreza.
Navidad, en abril o diciembre, ¿qué más da? ¿Y por qué no en cualquiera de ambas épocas? Toca ahora, vale, pero que sea sencilla, con pureza, sin tanto materialismo; espiritual además, si cabe.
Por una Navidad Familiar y Crística. Por una Navidad Solidaria, Humilde y Austera.

(Josep Esteve Rico Sogorb, Jose Sogorb)

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