lunes, 2 de abril de 2012

Semana Santa Ilicitana

El multitudinario Domingo de Ramos –a pesar de la amenaza de lluvia- dió paso a la Semana Santa ilicitana con la entrada triunfante de Jesús. En Elche es algo único, destacando esa ‘alfombra’ o ese ‘mosaico’ dorado de miles de palmas y ramos autóctonos que anualmente llenan las céntricas calles como un signo de identidad local. Todo un símbolo de ilicitanismo.

Las cofradías ilicitanas son numerosas y heterogéneas. Las más antiguas e históricas, son de inspiración propia local o localista. Las más recientes y novedosas, en su mayoría, son copias o réplicas de cofradías andaluzas y se inspiran en la idiosincrasia y esencia de la Semana Santa de Sevilla, Granada o Córdoba en cuanto a música, vestimenta, ornamentación, imágenes, pasos, tronos, forma de desfilar, etcétera.

Sin nada en contra de esta magnifica e impresionante tendencia andaluzadora –sin ánimo de molestar a los cincuenta mil andaluces de Elche- que avanza in crescendo y que cada año contagia un poco más a la Pasión ilicitana–voces críticas abogaron por incrementar y potenciar el ilicitanismo semanasantero– es necesario hacer en positivo un llamamiento a cuidar, defender, mantener, mimar y fortalecer lo auténtica y genuinamente nuestro.Y la Semana Santa ilicitana –como la de cada pueblo–debe ser local y propia, diferente y diferenciada. Ambos estilos, el andaluz y el ilicitano, deben coexistir en equilibrio sin supremacía de ninguno.

Entre las cofradías históricas ilicitanas y sin andaluzar destacan además de la del Domingo de Ramos –‘La Burreta’– San Juan y la Palma –coincidente con el ‘Misteri’- La Oración del Huerto –con una palmera datilera, más ilicitanismo, imposible– el milagroso Cristo de Zalamea, El Nazareno, La Caida, La Negación de San Pedro –‘El Gall’– la Virgen de los Dolores o Soledad –‘Mare de Déu de les Bombes’ en alusión a sus farolas– y el Cristo Resucitado del Domingo de Gloria que cierra la Semana Santa y recibe a la popular fiesta ilicitana y valenciana de la ‘Mona’, otro elemento autóctono.

Todo sea por no perder identidad: potenciemos lo que nos diferencia y nos da personalidad propia, incluso en el seno de la Semana Santa ilicitana.

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