lunes, 2 de abril de 2012

Una casa muy barroca

Que en Elche la estética arquitectónico-urbanística deja mucho que desear, salta a la vista, especialmente en el centro histórico o casco viejo, donde coexisten de forma colindante edicifios de diferentes estilos artísticos y edades o épocas, produciéndose una incoherencia estilística y unas contradicciones de aspecto, en ocasiones vergonzosas y de mal gusto, cuanto menos chocantes.
No voy a realizar un ensayo ni un avance de tesis sobre la arquitectura de nuestra ciudad, sobre ello hay muchos estudios efectúados por profesionales cualificados, pero sí que he de alzar mi voz de alarma para que el centro no se degrade en arte arquitectónico, cualitativamente hablando, ni pierda su esencia, su alma; eso que la mayoría de las ciudades milenarias del mundo poseen en sus cascos viejos: el mantenimiento y la conservación estética y artística de sus edificios siguiendo un modelo uniforme o una línea establecida. Caso de Salamanca, donde no se observan inconherencias tipo casa modernista o neoclásica del siglo XIX adosada a un bloque de pisos de cemento y mármol de los años 60-70-80 -como sucede en Elche- por poner algún ejemplo modélico.

La ilicitana plaza de la Glorieta es el principal punto del centro histórico donde se dan tales urbanísticas aberraciones estético-arquitectónicas. La casa sede de la Coral Illicitana -toda de piedra, con ornamentos y colores tierra-pastel, decimonónica o de primeros del siglo XX- está acompañada de edificios actuales, de esos de mármol, cristal, cemento...un 'bocadillo' de casona pétrea entre marmóreos bloques. No pega ni con cola.

En la misma Glorieta esquina a calle Trinquet se halla la casona del Ciri, esa mansión o palacete supergrande que hoy ocupa una discoteca. Si esta céntrica plaza ya se encontraba artísticamente 'matada' con ejemplos como el de la casa de Coral Illcitana o el de la sede de la CAM -envuelta por el futurista edificio de unas conocidas galerías comerciales- la guinda o el remate lo ostenta la casa del Ciri -antiguo local de Falange- empeorada recientemente por la dirección de la discoteca con tan poco gusto a base de pinturas dorada purpurina y verde botella oscuro, lo que le da un aspecto de 'saloon' del 'far west' americano, de atracción de feria o de un 'puti-club' tipo Ramblas barcelonesas años 20-30. Peor imposible.

La doración purpurinada de los ornamentos, cornisas y bordes de la fachada es inapropiada y demasiado 'chillona' para una casona de este estilo decimonónico. Y el color verde botella oscuro del resto de paredes -la fachada mira a dos calles y es inmensa- resulta tan apagado y sombrío, que da hasta yu-yu.

Esta clase de casas del siglo XIX desde siempre se han pintado con colores mediterráneos, cálidos, suaves, como los tonos tierra-pastel-beige-crema-tostado-marrón, junto a los básicos colores blancos y amarillentos pálidos, siendo pintados los adornos -cornisas, hojas de acanto, bordes, dinteles, etcétera- con tímidos pigmentos azules celestes, por ejemplo.

Unas combinaciones que conjuntan bien y resultan coherentes, pero nunca como la ahora casa del Ciri, en dorado y verde oscuro, todo un 'atentado' estético y cultural a un símbolo identitario ilicitano. Desde luego que se han pasado. Ahora sí que puede decirse, lamentablemente, que en exceso es 'una casa muy barroca'.

Josep Esteve Rico Sogorb

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