lunes, 31 de diciembre de 2012

Josep Marín i Morell nació en el centro histórico de la capital autonómica, de la ciudad de Valencia, en 1932. Hijo de republicano valencianista, fue autodidacta haciéndose a si mismo desde su juventud en la dura postguerra. Representante de Farmacia, recaló en Elche donde casó con Marita Ferrer. 
 
Cuando los signos de identidad autonómicos peligraban al inicio de la transición, Marín crea Elche en 1976 el “Grup Cultural Ilicità Regne de Valéncia” (GCI) junto a su hijo mayor José Manuel (quién tuvo la idea) y junto a un amigo de éste llamado Leoncio Esclapez, con el objeto de defender y promocionar todo lo autóctono. 

Por aquel entonces, Marín es elegido miembro de la preautonómica “Taula del Pre-Consell” y de la “Coordinadora d’Entitats Culturals Valencianistes” de la que llegó a ser presidente.

Instaura en Elche los primeros cursos de valenciano del GCI por “Lo Rat Penat” para maestros y funcionarios desde 1978 a 1982 en la sede social de la entidad en la céntrica calle Daoíz.

Ingresa en “Unió Regionalista Valenciana” (URV), se asocia al “Grup d’Acció Valencianista” (GAV) y al “Patronato Histórico Artístico Cultural d’Elig” (PHACE) y funda “Unio Valenciana” (UV) en Elche siendo su cartel y candidato electoral y casi sale concejal en los comicios municipales de 1982 dentro de la candidatura de la entonces "Coalición Popular".

Defiende la Real Senyera arduamente en la epoca tristemente conocida como “Batalla de Valencia” participando en manifestaciones en pro de la identidad autóctona, corriendo peligro su integridad física, recibiendo amenazas y anónimos de muerte, aunque nunca se arredró: siempre se mostró valiente, osado y “echao pa alante”.

Firma la adhesión a las “Normes d’El Puig” para el valenciano y defiende una ponencia en el “I Congrés de la Llengua Valenciana” (que organizó el PHACE) en 1985 apelando a la unión y hermandad (germanor) o fraternidad entre todas las corrientes del Valencianismo y donde presenta el diccionario de la RACV junto al académico y decano de la misma, el poeta Xavier Casp en la Mutua Ilicitana (hoy Maz) en Elche.

Logra que la cuatribarrada catalana se reemplazara del balcón del Ayuntamiento por la Real Senyera Valenciana durante el mandato de Ramón Pastor como alcalde al inicio de la transición.
Es elegido directivo y cargo representativo de la Escuadra Romanos donde representa a César en el desfile de Pobladores de Elche.

Escribe opinión en la prensa ilicitana (“Canfali”, “Baix Vinalopó”, “Elche”, ‘Perfil de la Dama”…) sobre valencianismo e ilicitanismo con el seudónimo “Duende de las Casetas”.

Corresponsal deportivo del diario “Levante”, llega a entrenar asimismo a varios equipos infantiles ilicitanos de fútbol-sala que jugaban los sábados y domingos en el Parque Deportivo de Elche.

Crea en 1980 los prestigiosos galardones al Valencianismo e Ilicitanismo “Palmes Daurades” (que él llamó los “Nobel de la Valencianía”) convirtiendo Elche en la capital de la valencianidad al traer aquí a las más importantes personalidades valencianas y que hoy siguen siendo los decanos y más ilustres del ámbito valencianista.

Descubre al autoctonista y localista poeta ilicitano Tonico Sansano, a quién concede la “Palma Daurada”, propiciando después la modernización del GCI y de los galardones junto a la nueva joven directiva que hoy presido, apostando por el cambio actualizador de la entidad al apoyar que ésta se rebautizara con el nombre de Tonico Sansano.

Tras la debacle de UV se afilia a “Coalición Valenciana” que acaba abandonando decepcionado.
Recibe la “Palma d’ Or” y la “Presidencia Honorífica” del GCI por su trayectoria y méritos al frente de la entidad.

Aficionado del Elche CF y forofo del Valencia CF, funda la “Penya Valencianista Ilicitana ¡Ché, qué a gust!” bajo auspicio del GCI, última actividad antes de enfermar y de retirarse.

Josep Marin i Morell, "Pepe" para los amigos y como a él le gustaba que se le llamara, aunque fue capitalino al nacer en la capital autonómica, nunca fue centralista sino todo lo contrario. Para él, Valencia, no era solo la ciudad del Turia sino todo el territorio que incluye las tres provincias: Alicante, Castellón y Valencia. Por ello, sumó en sí mismo ambas identidades: Elche y Valencia y/o viceversa (lo local y lo regional) y sendos sentimientos: lo valenciano y lo ilicitano a la vez en armonía y equilibrio.

Jovial y alegre, aunque sanguíneo y pasional, siempre se sintió joven. Apostó por la juventud y se rodeó de jóvenes como yo en quienes confió. Eternamente le agradeceré que confiara en mí como su sucesor en el GCI. En el recuerdo quedarán sus vigorosos discursos, sus dedos en “V” de victoria por doquier, sus manos flameando “senyeres al vent”, sus brincos celebrando los goles de sus amados Valencia CF y Elche CF; y aquel “colpet” que daba con su mano sobre la mesa en tertulias, comidas, cenas, y reuniones.

Marín Morell fue un enamorado de la festividad del "9 d´Octubre" y acérrimo partidario de su celebración, asiduo asistente y participante en la procesión cívíca con su bajada de la Real Senyera incluida. En los últimos años y con su salud afectada dejó de asistir y con mucho pesar echaba de menos con añoranza no estar ante "su bandera, la bandera de tots els valencians". Marín vino a morirse unos días de esta festividad, nos dejó a vísperas de su querido "9 d´Octubre".

Aunque nos supuso un jarro de agua fría su pérdida o tal vez una "putada", lo cierto es que la mejor fecha que un valencianista puede "elegir" para fallecer es precisamente el "9 d´Octubre", y Marín se acercó bastante a ese "privilegio" falleciendo, sino el mismo día de esta festividad, al menos en su antesala, unos pocos días antes. Su ataúd fue cubierto por su propia real senyera valenciana y se le incineró con ella fundiéndose sus cenizas con las del máximo símbolo de identidad de los valencianos como es la bandera o senyera.

Pero Marín vivió toda su vida en el fondo de su corazón anhelando regresar a su ciudad natal después de muerto. Por eso, sus cenizas serán esparcidas por sus hijos en un acto privado en un bello lugar de la capital valenciana, a orillas del Turia y cerca de la Malvarrosa donde tanto paseó su admirado Blasco Ibáñez, otro valenciano, universal, que como Marín, también fue cubierto con su senyera en su entierro.

Marín, que tanto homenajeó a otros, se merece ahora que se le homenajee. Pronto lo haremos. Queda pues, Josep Marín i Morell en nuestros corazones y en la memoria histórica reciente de Elche y de la Comunidad Valenciana. Por siempre. In memoriam.

Por Josep Esteve Rico i Sogorb (Elche)
Presidente del Grup Cultural Ilicità Tonico Sansano

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