lunes, 2 de abril de 2012

Adios Carlos, Bienvenido Javier

El poeta ilicitano Carlos Cebrián ha muerto. Descanse en paz. Murió (por prioridades, metafórica y literariamente, aunque también en otros aspectos menores igualmente importantes) en público el pasado 27 de noviembre en un original, novedoso e inusual recital poético-visual celebrado en el salón de actos de la Lonja. La persona, el individuo, ese hombre ciudadano que fue Carlos, ha pasado por voluntad propia, a la historia, al pasado. Digamos que, de alguna manera, ha sido enterrado. No, no estamos ante un desdoblamiento de personalidad sino ante un renacer (espero que tan glorioso como el del Ave Fénix). El caduco villano pero canalla y pendenciero Carlos, torturado por sus pasiones y los viejos demonios; ha dado lugar a una nueva persona, a una nueva identidad, a un nuevo ser humano. El tránsito ha sido claro: de Carlos a Javier. Carlos, tras "morir", se ha transformado en Javier (que es quien ahora es y como a tal desea que le llamemos y conozcamos, incluso que usemos este nombre como él ya lo hace). Así pues, a modo de cuando fallece un monarca; a Rey muerto, Rey puesto y que Dios le de larga vida.
Amigo mío y colega, ya tienes lo que querías. Te cubriste de gloria, bien merecida sin duda, en aquella velada en la Lonja, sorprendiendo al público. Ya te moriste, después de dar tanta lata con ello, y has vuelto a nacer o a renacer. Ahora te llamas Javier y aunque yo si que no me llamo Javier (parafraseando a "Toreros Muertos") celebro este cambio en tí. Un cambio en el que confío mucho, pues espero que te sea positivo en general, fecundo literariamente, productivo en lo personal y que supongo nos influirá bien a quienes nos sentimos cercanos a ti; amigos, colegas, admiradores...

No sé hasta que punto (y algunos de tus allegados nos lo preguntamos) este cambio va a alterar o a modificar sustancialmente tu carácter, tu perfil, tu personalidad. Quisiera pensar, Javier, que no trataste de borrar todo de un plumazo sobre tu reciente anterior identidad, sobre aquel Carlos, sino de enterrar para siempre aquello que te afeaba (defectos, vicios, errores, recuerdos malsanos, cosas negativas) pero conservando las virtudes y los aciertos, las cosas positivas. Reconozo aspectos del viejo Carlos que me agradaban y confieso que no me gustaría que desaparecieran, a pesar de que ahora seas otro, aunque hoy te llames Javier. Y sobre ésto, se te abre y se nos abre una incógnita que sólo tu podrás despejar y a la que le damos vueltas preguntándonos cómo serás a partir de ahora, porque te conocemos largos años como Carlos pero te desconocemos como Javier (si bien lo bueno está por venir, ¿verdad?), aún no hemos comprobado cómo eres hoy tras tu muerte-renacimiento hace pocos días. El corto espacio de tiempo es insuficiente para cerciorarnos y cerciorarte. Quien mejor que tú para conocerte a ti mismo. Eso sí, espero un futuro prometedor para tí, Javier, tanto como lo fue el destacado pasado de tu anterior Carlos. Me gustaría ser tan amigo tuyo, del actual Javier ( o incluso más) como lo fui de Carlos. Y ojalá nos agrades, tanto o más que aquel. Ah, y aún siendo otro, conserva ese toque "sui géneris" de canalla 'bogartiano'. Bienvenido a la vida, Javier Cebrián.

Por Josep Esteve Rico Sogorb
Miembro del Grupo Poético Abril 2005

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