lunes, 2 de abril de 2012

¡Basta ya! ¡Nunca más!

No crean, por el título, que voy a tratar sobre las plataformas cívicas de tales nombres, sino que, parafraseando sus denominaciones, intentaré dar un toque de atención a todos los políticos de cualquier bando e ideología que 'calientan' la vida cotidiana con sus formas de hablar y de actuar.

Últimamente y ante la proximidad de las elecciones, asistimos a un aumento en contundencia verbal, violencia dialéctica, agresividad emocional, crispación, tensión e irrespetuosidad con pérdida de maneras entre nuestros políticos, algo que lejos de ser una moda, no debería convertirse en crónico pues resultaría nocivo para la convivencia democrática y dañino tanto para los líderes como para el pueblo.

Improperios, insultos, salidas de tono, gritos o enérgicas voces elevadas, descalificaciones, intimidades, ‘trapos sucios', ira, rencor, odio, enojo y otras cosas más; es lo que el pueblo viene captando y empapándose por parte o desde los políticos. Ni siquiera el ambiente de las primeras elecciones de la transición -en las que estaban ‘calientes' los ánimos y muy reciente el viejo régimen- se puede comparar con el actual momento de crispación política.

El ejemplo que nuestros líderes ofrecen a la ciudadanía en sus debates, ruedas de prensa y sesiones plenarias; es de lo más desagradable, lamentable, patético, violento, incivilizado e impropio de unos representantes del pueblo. Un pueblo al que le toca aguantar la desgraciada situación hasta el punto de sentir vergüenza y enfado de sus políticos.

Defender cada líder y cada partido sus ideas, planteamientos, propuestas y proyectos, no ha de dar lugar al insulto, a la agresividad y a la irrespetuosidad. Cabe discrepar, debatir y discutir sobre aspectos de los planteamientos. Que cada cual defienda su postura como la mejor o más conveniente para la ciudadanía pero sin llegar a tales extremos.

El cotarro o ruedo político a cualquier nivel -local, autonómico, estatal- no debe producir el ‘destape' de intimidades y privacidades porque no se trata de asuntos del ‘corazón', la política tiene que ser algo serio, nada frívolo. La situación se asemeja a un interminable set tenístico en que ambos contrincantes se devuelven los golpes con tales virulencia y mala leche que hasta los espectadores o ciudadanos nos hartamos y cansamos al punto de olvidar y ‘pasar' de quien empezó primero. Algo que a la mayoría del pueblo nos importa un rábano.

Si los políticos pierden la compostura, la educación y el respeto cayendo tan bajo y son nuestros representantes y fiel reflejo de la sociedad, ¡cómo será el pueblo que los ha votado! No niego que la sociedad actual sea más agresiva -ahí están los altos índices de maltrato, por ejemplo- pero los ciudadanos no tenemos culpa del pésimo comportamiento de los políticos.

Todo ello produce en el pueblo decepción y animadversión generalizadas hacia los líderes y sus partidos, aumentando los escépticos, indecisos, hartos, desilusionados, decepcionados y críticos. Una gran parte de la población está hasta los cojones de que todos los políticos -principalmente los líderes de los dos partidos mayoritarios- se lleven a matar y se comporten tan agresivamente. Tendrían que recibir clases de civismo, educación democrática, mundología y respeto para acabar con esta situación y dar así, ejemplo de corrección, de moderación, talante, buenas maneras, honradez y profesionalidad, que es lo que los ciudadanos desean y esperan de ellos.

¡Basta ya! Pacifiquen y calmen la política.¡Nunca máis a más insultos y violencia verbal! Por el bien de la democracia. Por el bien de todos, de ellos y de nosotros, el pueblo.

Por Josep Esteve Rico Sogorb

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