lunes, 2 de abril de 2012

Pensiones

Yo no sé de qué va Zetapé. Al Gobierno de Zapatero se le están echando encima hasta los colectivos ideológicos más afines. Esos 'volantazos' hacia la derecha con la aprobación de ciertas medidas, entre las que destaca el retraso de la jubilación a los 67 años -más propias de políticas conservadoras capitalistas y neoliberales que de una acción progresista socialdemocráta- en un escenario de grave crisis económica; no ha gustado ni a propios ni a extraños.

Los sindicatos de izquierda más representativos se han encarado y rebelado, y ya ha empezado en cadena sucesiva una ristra de críticas desde diversos sectores de la sociedad española. Estoy seguro que aumentar a 20 años ese mínimo de 15 trabajados o cotizados necesarios para cobrar la pensión por jubilación y retrasar a 67 años la edad legal obligatoria para retirarse laboralmente -es mejor decir claramente, 'al revés te lo digo para que me entiendas', que se incrementan 2 años, que habrá que currar 24 meses más- no le ha gustado a la mayoría de españoles ideologías aparte.

Y convencido estoy de que a los autónomos no les 'molan' estas medidas. Y no digamos a los obreros. O si no, que le pregunten a un albañil con mas de 40 años trabajados -si es que quedan, y los pocos existentes serán 'leyendas vivientes, rara avis', dado como está el 'ladrillo'- que a los 60 se encontrará más quemado que la pipa de un indio con unas ganas de descansar y abandonar el andamio...; que tiene que seguir 'currando' hasta los 67. ¡Se pillaría un rebote...!

Vale. Voy a dar una de cal y otra de arena. Hay que reconocer que el Sr. Zapatero, cuando prometió enmendar el error de España sacándola de la guerra de Irak -que le costó el puesto a Aznar- retirando a nuestras tropas y cuando dijo que iba a ayudar a los más desfavorecidos; convenció. Las urnas 'hablaron' y comenzó a gobernar. Consiguió mejoras, logros y avances sociales como aquellos 2500 euros por hijo, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la reforma de los autónomos -unos pequeños avances, insuficientes sí pero bienvenidos- entre otras cosas.

Evidentemente, estas acciones, que fueron criticadas y valoradas por detractores y partidarios, no tuvieron el apoyo del 100 por cien de la población ni de la totalidad del arco parlamentario, pero si al menos gozaron de la mayoría suficiente para ser aprobadas y aplicadas. Tales medidas hicieron bien a mucha gente a pesar de sus contrarios y personas que no pudieron o no quisieron beneficiarse de ellas. Igualmente, es de elogiar que Zapatero y sus ministros se opusieran y sigan oponiéndose a la exigencia capitalista de la patronal de abaratar el despido y liberalizarlo aún más. Que bien está como se halla, pues somos el país europeo donde más barato resulta despedir a los trabajadores. La patronal esgrime esta petición como 'vital' para salir de la crisis pero creo que se puede remontar la situación con otras medidas de reforma del mercado laboral pero sin seguir perjudicando a los necesitados, débiles y desfavorecidos. Abaratar el despido incrementaría el paro y dañaría a la clase obrera y a muchos hogares españoles.

En este tema, la postura del Gobierno ZP es la de proteger a la pobre y desfavorecida clase trabajadora, por lo que aquí sí que se escora a la izquierda o centro izquierda, algo lógico, tratándose de un Ejecutivo progresista y socialdemócrata que se precia de ello. Habrá quién no esté de acuerdo, normal y lícito, pues para cualquier Gobierno es imposible la perfección y la totalidad.

Pero cuando un Ejecutivo, del signo que sea, no contenta a nadie o a casi nadie... malo. Algo serio, grave y preocupante sucede. Cuando a un Gobierno se le 'rebelan' hasta los suyos -en parte o en su práctica totalidad- es que ha perdido la credibilidad, la confianza, la fiabilidad y cae en el descrédito. Males que le pueden hacer tambalear y perder las elecciones. Es el caso de la reforma de la edad de jubilación y la duración de la etapa de cotización mínima en el sistema de pensiones. Un tema que está dando que hablar -y no bien- acerca de ZP, pues no sale bien parado de las críticas.Reacciones cívicas no se han hecho de esperar y en internet la red FaceBook está plagada de grupos de personas críticas con eso de los 67 años y los 20 de cotización.

Entiendo el fondo de la cuestión. Comprendo la idea bienintencionada que persigue el Gobierno con estas medidas. Lo que fallan son las formas. Zapatero y sus ministros intentan asegurar, proteger, consolidar y 'blindar' el sistema de pensiones evitando riesgos y amenazas que en el futuro puedan hacerlo peligrar o desaparecer. En plena crisis, les falta recaudación y presupuesto suficiente -debido al déficit del Estado-para pagar el desempleo y las pensiones. Por evitar que se acabe el dinero para estos vitales pagos, prefieren aplicar ajustes o reajustes ahora, no cuando se pase esta crisis. Una crisis que va para largo con la incertidumbre de no saber la fecha de su final.

Bien. Les mueve una buena idea, una buena intención, aunque no veo las ventajas de jubilarse dos años más tarde y con veinte años cotizados en vez de quince. Esto afectaría negativamente a la gran mayoría de ciudadanos a los que les estaría vetada la jubilación anticipada, sobre todo a quienes por razones de peso como la salud, lo necesiten. Sin embargo, habría diferencias de clases, porque los altos ejecutivos -también los políticos y los millonarios- sí que podrían jubilarse anticipadamente. No hay derecho ni es justo que todo un alto ejecutivo presidente de un grupo bancario se prejubile anticipadamente y bastante joven -sobre los 55- con una pensión estatal y una paga empresarial millonarias. Y a los demás que les zurzan.

Si se aplican estas reformas, se fastidiarán muchas personas. Pagarán justos por pecadores y los efectos o consecuencias no resultarán tan benignos como el Gobierno ZP cree. Van a cortar la tajada del pastel por un sitio que dañaría a bastantes colectivos y ciudadanos. Si se trata de apretarse el cinturón -y el sistema de pensiones es objetivo de ello- el Gobierno 'ahorraría' mucho más si redujera en un mínimo 25 por cien -como han hecho para afrontar la crisis en países nórdicos más avanzados que el nuestro como Islandia- los sueldos de los políticos parlamentarios -includo el propio Ejecutivo- de cualquier cámara, sea autonómica, provincial, local, nacional y europea.

Esto, además de una actuación socialista, sería un ahorro, tan considerable que aliviaría la economía a niveles elevados, suponiendo poder recaudar más o destinar dinero a cosas vitales como el desempleo y las pensiones. Y las pensiones de jubilación no se tocarían para nada procurando su buena salud y supervivencia. Así que...¡qué se bajen los sueldos los políticos y los altos ejecutivos y que dejen las pensiones como están! Pero no caerá esa breva.

Por 'José Sogorb', Josep Esteve Rico Sogorb

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